jueves, 15 de junio de 2017

FORMENTERA CON CALMA - Mayo 2017

En este Relato de Viaje a Formentera veréis que esta vez no hemos tenido demasiada suerte con el clima, para qué negarlo…

Todos los años intentamos hacer una escapada primaveral de 3-4 días. Así, escogimos el puente de Mayo para visitar la isla de Formentera. Los conceptos Islas Baleares y mes de Mayo (fuera de la temporada turística) no parecen hacer una mala combinación, así que ya me veía yo en manga corta tomando cerveza en los chiringuitos de la playa. Pero el clima tiene estas cosas y, tras una Semana Santa con un tiempo espectacular, empezó a bajar la temperatura… en fin, que los días que pasamos allí, no nos quitamos el anorak ni el foulard. Incluso llovió (pero en Formentera también llueve?)

El viaje de ida fue un poco rocambolesco. Por aprovechar los días, salimos de trabajar un jueves por la tarde y fuimos directamente al aeropuerto de Barcelona. El vuelo a las islas es corto, unos 45 minutos, y sobre las 22h estábamos en Ibiza. Faltaba hacer el salto a Formentera en ferry, pero a esas horas ya no hay servicio. Para pasar la noche, habíamos reservado una habitación en un hostel de Ibiza ciudad, el Bartola Guesthouse, que seguramente en temporada alta no hubiéramos reservado ni en broma (me imagino que se pondrá a tope de fiesteros). En cambio en ese momento nos fue muy bien para llegar, dormir y marcharnos. El viernes por la mañana teníamos reservado pasaje en el ferry de las 10:30h. Pero solemos levantarnos bastante pronto y sobre las 9 ya estábamos listos, desayunados y todo. Así que se nos ocurrió acercarnos al puerto de ferrys a preguntar si podíamos adelantar el viaje y sí, podíamos. Parece ser que es una práctica bastante habitual, se reserva billete online a una hora determinada, pero si hay sitio en barcos que salgan antes no hay problema en adelantar el viaje. Aunque no sabría decir si esto también puede hacerse en pleno mes de Agosto…

Ferry con castillo hinchable, ole tú!

Total que sobre las 10:30h estábamos en el Puerto de La Savina, Formentera. El viaje fue muy movido, con un oleaje para flipar. En el mismo barco iba un grupo de estudiantes y yo creo que vomitaron la mitad de ellos…  Por suerte nosotros somos fuertes! Recogimos el coche de alquiler en las oficinas de OK Rentacar (nos costó un poco encontrarlas) y enfilamos carretera hacia nuestro apartamento.

Estábamos en los Apartamentos Ses Eufabietes, en la playa de Migjorn. El apartamento nos gustó mucho, todo muy cuidado y muy limpio. Cuenta con piscina, restaurante y otras zonas comunes, aunque la verdad es que no lo disfrutamos mucho, debido al mal tiempo. La piscina ni tocarla y la terracita tampoco… una pena. Eso sí, el precio fuera de temporada, genial.

Una vez instalados, nos fuimos a Sant Francesc con la intención de localizar un supermercado (nos gusta desayunar y cenar en casa) y buscar un sitio para comer. Sant Francesc es el núcleo más grande de la isla y sede del Ayuntamiento, así que ejerce de capital. Es el pueblo donde encontraréis más comercios y más vida local. La zona peatonal nos pareció muy acogedora, llega de tiendecitas de artesanía y terrazas para sentarse a observar. En la Plaça de Sa Constitució están la Casa Consistorial y la iglesia de Sant Francesc Xavier, muy sobria y con estructura típica de la zona. Volvimos a esta plaza varias tardes, al acabar la jornada, y nos sorprendió ver la cantidad de gente que asiste a misa todos los días… De hecho, los niños dejaban de jugar a pelota en la plaza para entrar en la iglesia, cuando empezaban a sonar las campanas. Muy curioso.

A la Plaça 






















Para comer, escogimos uno de los tantos restaurantes que hay por el pueblo y que hacía menú del día a precio razonable, 12€. Grata sorpresa, ya que sin buscarlo comimos una ensalada y un arroz buenísimos. Para más señas, Restaurant La Sal.

La primera visita propiamente dicha la hicimos por la tarde, cuando fuimos al Cap de Barbaria a ver su famoso faro. La llegada por carretera nos pareció espectacular, ya que el paisaje va cambiando hasta volverse árido y pedregoso y, lo que en un principio es un puntito lejano en el horizonte, acaba convirtiéndose en un majestuoso faro alzado en el acantilado. Muy bonito, la verdad. 

El Far de Barbaria

El Cap de Barbaria es la zona más al sur de la isla, con bastante altitud sobre el nivel del mar. Está envuelto de cierto misticismo, su nombre es debido a la proximidad con las costas africanas (bárbaras) y además se hizo muy famoso a raíz de cierta película rodada allí. Su fantástica puesta de sol atrae a los visitantes en masa (cosa que en verano provoca problemas, ya que la carretera es de un solo carril y también se colapsa el aparcamiento), pero nosotros lo disfrutamos casi en soledad. En el mismo paraje se encuentra la Cova Foradada. Por las características del terreno, el subsuelo de la zona se encuentra bastante agujereado, por lo visto. A la cueva se accede a través de un agujero en el suelo (está señalizado), donde se ha colocado una escalera de madera. Una vez abajo, en la cueva propiamente dicha, veremos una espléndida ventana que se abre sobre el acantilado. Hay que tener cuidado, ya que no tiene ningún tipo de protección y un mal paso puede ser fatal. Un poco antes de llegar al cabo, veréis varias ruinas de asentamientos prehistóricos.

La Cova Foradada
La Cova Foradada



















Es Cap de Barbaria
No vimos la puesta de sol ese mismo día porque hacía viento y frío y no estábamos a gusto. Pero volvimos días después a disfrutarla.



Al día siguiente seguía haciendo frío a pesar del sol, así que decidimos pasar de playas (sí, estamos en Formentera, pero qué remedio) y nos vamos hacia el este, en dirección al Pilar de la Mola. Éste es otro de los tres núcleos de población de la isla. Esta en lo alto de la meseta de Formentera y un pelín aislado. Para llegar allí hay que tomar una carretera en pendiente y con bastantes curvas, que pasa por zonas más verdes que el resto de la isla. Es lo que a mí me viene a la cabeza cuando se habla de paisaje mediterráneo: pinos, higueras, genista... El pueblo en sí son cuatro casas, pero cuenta con varios atractivos por los que vale la pena llegar allí: el más conocido es la Fira Artesanal de la Mola, mercado hippie por excelencia, que tiene lugar semanalmente y donde se pueden encontrar artesanía y productos locales. Solo se celebra en verano, de manera que nosotros no lo vimos. Otro de los puntos importantes es el Faro de la Mola situado en un impresionante acantilado a más de 100 metros sobre el mar. Se encuentra al final de la misma carretera por la que hemos venido y es como si se llegara al fin del mundo, tal cual. Las vistas son una pasada.


El Far de la Mola


Ya habíamos decidido que nos íbamos a quedar a comer por allí, en un restaurante de comida casera al que le habíamos echado el ojo, pero para hacer tiempo hicimos una pequeña caminata por la zona.

El área de la Mola es la zona más fértil y preferida de los payeses. Está llena de rutas bien señalizadas para hacer a pie o en bici. Nosotros escogimos una al azar que nos llevó entre masías y campos de cultivo protegidos por vallas de piedra. Nos gustó mucho ver una zona más tradicional que turística, vimos un paisaje típico de allí. Con muchas lagartijas y todo un símbolo, las higueras, bien apuntaladas y dando buena sombra.





De vuelta, pasamos por delante de la iglesia pero no pudimos entrar a verla. Comimos en la terraza de Can Toni, disfrutando de uno de los pocos momentos de sol que tuvimos esos días.


Nostra Senyora del Pilar

Una cervecita, que ha salido el sol
Continuará....

RELATO DE VIAJE A FORMENTERA, por Miriam.

jueves, 16 de marzo de 2017

POR EL SUR DE TARRAGONA - Diciembre de 2016

No solemos hacer viajes o escapadas durante los puentes, no nos gustan las temporadas altas ni las masificaciones. Pero este año, el último tramo del puente de diciembre se nos hacía demasiado largo como para pasarlo entero en casa. Así que planeamos escaparnos unos días a un rinconcito poco turístico pero de gran belleza. En este relato de viaje a la Terra Alta, explico los lugares y rutas que disfrutamos por el sur de Tarragona.

La Terra Alta es una comarca catalana localizada en el sureste de Tarragona, ya limitando con la provincia de Teruel. Está formada por 12 municipios, cuya capital es Gandesa. Hay gran diversidad paisajística entre ellos, ya que la comarca se asienta entre zonas de sierra y la depresión del Ebro. Por ello también hay cierta variedad climática según la zona; aun así, los inviernos (nosotros fuimos en diciembre) son bastante fríos en general. Aquí la base económica es la agricultura y las zonas de cultivo están sembradas de olivos, almendros y vides; el turismo rural también es importante. A esta comarca pertenece la parte catalana del macizo dels Ports, o Ports de Beseit, que se extiende por la Comunidad Valenciana, Aragón y Catalunya. El área catalana está protegida y tiene la denominación de Parc Natural dels Ports. Entre otras cosas, es paraíso de excursionistas y escaladores. Y por último, para los amantes de la Historia, en este lugar se libró la importantísima Batalla del Ebro, de las más largas y sangrientas de la Guerra Civil Española y con mal final para el bando republicano.

Pusimos nuestra base en un pequeño pueblo llamado El Pinell de Brai, donde unos familiares tienen una casita que nos dejaron para esos días, así que por una vez el alojamiento nos salió gratis. El municipio está al sureste de la Terra Alta, ya en el límite con otras dos comarcas del sur de Tarragona, la Ribera d’Ebre y el Baix Ebre. Es el típico pueblo situado en lo alto de una colina y por lo tanto con un relieve muy accidentado, con unas pendientes empinadísimas (este es parte de su encanto) que no quiero imaginar con nieve o hielo. Tiene varios lugares de interés, que nosotros conocimos en pequeños paseos durante las tardes. La imagen más conocida del pueblo es sin duda La Catedral del Vino, la bodega cooperativa de estilo modernista. Es obra de César Martinell, discípulo de Gaudí, que también fue el arquitecto de la Bodega Cooperativa de Gandesa. Ambas fueron construidas a principios del s. XX y se las considera joyas arquitectónicas. Nosotros no la hemos visitado por dentro, con la peque hubiera sido un poco pesado, pero a quién le guste el enoturismo tiene aquí una cita imprescindible.

El Pinell de Brai
La Catedral del Vi

Otros escenarios de interés son las llamadas Cases penjades (colgadas) y las Cases caigudes (caídas). Las primeras están en el límite del casco urbano, sobre un acantilado de unos 100 m. Junto a las casas hay un mirador que da al Barranco del Pinell. Precisamente, bajando al barranco (encontraréis el camino investigando entre las callejuelas) es desde donde mejor se ven las casas colgadas. Nosotros, que somos unos suertudos, precisamente estábamos alojados en una de ellas. Imaginad las vistas…  Las segundas, las Casas Caídas forman parte de la zona destruida durante la guerra civil y están en el centro del pueblo.


Casas colgadas

Calles de El Pinell de Brai

Desde aquí, son innumerables las excursiones y visitas que se pueden hacer, según el interés de cada uno. Nosotros combinamos rutas por los pueblos de alrededor, con excursiones por el PN.


Excursión por Els Estrets y visita a Horta de Sant Joan

Ojeando folletos y guías, vimos que la zona conocida como Els Estrets d’Arnes, es una de las excursiones de referencia para hacer con niños, dada su facilidad y accesibilidad. Nosotros llegamos en coche desde Pinell de Brai hasta Horta de Sant Joan por la T-333. Si dejamos la entrada del pueblo a mano derecha (ref. La Farinera) y seguimos un poco más por la carretera, enseguida veremos el desvío a la izquierda que marca Els Ports. Entraréis en una pista asfaltada que os llevará al interior del parque entre plantaciones de olivos. Un poco más adelante, a mano izquierda veréis una zona de picnic, con un precioso mirador hacia las Roques de Benet, todo un emblema de la zona. 

PN dels Ports desde el mirador














Al poco, la carretera empieza a descender y dejaréis los olivos para entrar en el bosque. No tiene pérdida, al final llegaréis a una zona de aparcamiento señalizado desde donde empieza la excursión. O donde acaba, ya que la caminata no es una ruta circular, sino de ida y vuelta. Hay otro punto de acceso, también con zona de aparcamiento, que es donde se deja el coche si se viene desde Aragón. Resumiendo, la excursión va de un parking al otro, siguiendo el curso del río. Pasamos entre las Molas de piedra, paraíso de los escaladores, vimos cabras dando saltos imposibles y algún buitre. Y es una pena que fuera pleno invierno, porque el río hace pequeñas piscinas que invitan al baño. De hecho en verano es zona de chapuzones. La excursión no dura más de una hora, a paso muy relajado.

Ruta dels Estrets

Les Moles

Si hacemos zoom...
Camí dels Estrets

Finalizado el paseo, nos vamos a comer y dar una vuelta por Horta de Sant Joan. Es el típico pueblo que ha crecido en las faldas de una colina, con las calles serpenteando hacia arriba hasta finalizar en la plaza de la Iglesia de Sant Joan. La plaza es porticada y las calles de alrededor forman el núcleo antiguo medieval. Lo recorrimos en solitario, al ser mediodía y festivo no había demasiado movimiento. 

Casco antiguo de Horta de St Joan

Casco antiguo de Horta de St. Joan

Comimos en la Plaça Catalunya, en la zona nueva a los pies del casco antiguo. Hay varios bares y restaurantes con terraza, muy apetecibles cuando hace buen tiempo. Tuvimos suerte y encontramos una mesa para 3 en el Grau, uno de esos locales de toda la vida, con comida casera y gente jugando a cartas. Muy recomendable.

Escapada a la Ribera d'Ebre

La Ribera d'Ebre es una de las comarcas contiguas a la Terra Alta. Aquí habíamos puesto el punto de mira en dos zonas, el Castillo de Miravet y el pueblo de Tivissa.

Desde Pinell de Brai hay un cuarto de hora aproximadamente hasta el pueblo de Miravet. Cruzamos el núcleo urbano en dirección al castillo y subimos la colina.Tras unas cuantas curvas, dejamos el coche en el parquing habilitado al pie de la muralla. Pagamos la entrada religiosamente y vamos para adentro. Si no recuerdo mal, son 2.50€ por cabeza (también hay opción a visita guiada, un pelín más cara). El castillo es de origen árabe y pasó posteriormente a ser fortaleza militar templaria. Se pueden visitar varias estancias, así como el patio de armas y la muralla, pero lo mejor sin duda alguna es subir a las torres y observar el valle del Ebro. El panorama es alucinante. En este momento entiendes porque los musulmanes establecieron aquí su  castillo y los templarios su fortaleza, ya que el dominio sobre el valle es indiscutible.


El Valle del Ebro 

Vista desde el Castillo de Miravet

L'Església Vella de Miravet y el Ebro

Casco antiguo de Miravet

Una vez abandonado el castillo es muy recomendable descender la colina hacia el casco antiguo de Miravet, llamado el Cap de la Vila, para recorrer sus callejuelas colgadas sobre el río. Es un pueblo con mucho encanto. Otro punto de interés a mencionar, aunque nosotros no llegamos hasta aquí, es el Pas de Barca. Es una zona de cruce del Ebro, que une Miravet con la carretera comarcal. Tiene la peculiaridad de ser el último paso que queda, donde se puede cruzar el río sólo gracias a la fuerza del agua. Se hace mediante dos embarcaciones unidas, els llaguts, que soportan un peso de varias toneladas. 

Desde aquí nos vamos hacia Tivissa, otra pequeña villa medieval de la zona. En realidad esta vez no nos mueve el afán de conocer más sitios, sino que nos hemos enterado de que esta tarde inauguran el mercadillo de Navidad y allá que vamos. La meteorología nos juega una mala pasada y al frío y la humedad, se les une una niebla que se intensifica por momentos.

Volvemos a encontrarnos con un pequeño pueblo de origen medieval en lo alto de una colina. Dejamos el coche estacionado en la parte baja y subimos por la Pujada de l'Empedrat hacia el núcleo antiguo. Aunque una de las zonas más reconocidas es el balcón que se encuentra en la Plaça de la Baranova, ni siquiera nos acercamos, ya que iba a ser imposible ver nada. Así que entramos al recinto fortificado atravesando uno de los últimos vestigios de la muralla, por el Portal d'Avall. Una vez dentro, las calles se vuelven estrechas y serpenteantes. El pueblo estaba especialmente bonito, engalanado con las luces de navidad y con tenderetes y gente por todas partes.

Tivissa

La verdad es que nos gustan estas escapadas a zonas poco masificadas y no pervertidas aún, donde puedes convivir con la gente del lugar y ver otras formas de vida. Ya estamos planeando la siguiente.


RELATO DE VIAJE AL SUR DE TARRAGONA, por Miriam