jueves, 16 de marzo de 2017

POR EL SUR DE TARRAGONA - Diciembre de 2016

No solemos hacer viajes o escapadas durante los puentes, no nos gustan las temporadas altas ni las masificaciones. Pero este año, el último tramo del puente de diciembre se nos hacía demasiado largo como para pasarlo entero en casa. Así que planeamos escaparnos unos días a un rinconcito poco turístico pero de gran belleza. En este relato de viaje a la Terra Alta, explico los lugares y rutas que disfrutamos por el sur de Tarragona.

La Terra Alta es una comarca catalana localizada en el sureste de Tarragona, ya limitando con la provincia de Teruel. Está formada por 12 municipios, cuya capital es Gandesa. Hay gran diversidad paisajística entre ellos, ya que la comarca se asienta entre zonas de sierra y la depresión del Ebro. Por ello también hay cierta variedad climática según la zona; aun así, los inviernos (nosotros fuimos en diciembre) son bastante fríos en general. Aquí la base económica es la agricultura y las zonas de cultivo están sembradas de olivos, almendros y vides; el turismo rural también es importante. A esta comarca pertenece la parte catalana del macizo dels Ports, o Ports de Beseit, que se extiende por la Comunidad Valenciana, Aragón y Catalunya. El área catalana está protegida y tiene la denominación de Parc Natural dels Ports. Entre otras cosas, es paraíso de excursionistas y escaladores. Y por último, para los amantes de la Historia, en este lugar se libró la importantísima Batalla del Ebro, de las más largas y sangrientas de la Guerra Civil Española y con mal final para el bando republicano.

Pusimos nuestra base en un pequeño pueblo llamado El Pinell de Brai, donde unos familiares tienen una casita que nos dejaron para esos días, así que por una vez el alojamiento nos salió gratis. El municipio está al sureste de la Terra Alta, ya en el límite con otras dos comarcas del sur de Tarragona, la Ribera d’Ebre y el Baix Ebre. Es el típico pueblo situado en lo alto de una colina y por lo tanto con un relieve muy accidentado, con unas pendientes empinadísimas (este es parte de su encanto) que no quiero imaginar con nieve o hielo. Tiene varios lugares de interés, que nosotros conocimos en pequeños paseos durante las tardes. La imagen más conocida del pueblo es sin duda La Catedral del Vino, la bodega cooperativa de estilo modernista. Es obra de César Martinell, discípulo de Gaudí, que también fue el arquitecto de la Bodega Cooperativa de Gandesa. Ambas fueron construidas a principios del s. XX y se las considera joyas arquitectónicas. Nosotros no la hemos visitado por dentro, con la peque hubiera sido un poco pesado, pero a quién le guste el enoturismo tiene aquí una cita imprescindible.

El Pinell de Brai
La Catedral del Vi

Otros escenarios de interés son las llamadas Cases penjades (colgadas) y las Cases caigudes (caídas). Las primeras están en el límite del casco urbano, sobre un acantilado de unos 100 m. Junto a las casas hay un mirador que da al Barranco del Pinell. Precisamente, bajando al barranco (encontraréis el camino investigando entre las callejuelas) es desde donde mejor se ven las casas colgadas. Nosotros, que somos unos suertudos, precisamente estábamos alojados en una de ellas. Imaginad las vistas…  Las segundas, las Casas Caídas forman parte de la zona destruida durante la guerra civil y están en el centro del pueblo.


Casas colgadas

Calles de El Pinell de Brai

Desde aquí, son innumerables las excursiones y visitas que se pueden hacer, según el interés de cada uno. Nosotros combinamos rutas por los pueblos de alrededor, con excursiones por el PN.


Excursión por Els Estrets y visita a Horta de Sant Joan

Ojeando folletos y guías, vimos que la zona conocida como Els Estrets d’Arnes, es una de las excursiones de referencia para hacer con niños, dada su facilidad y accesibilidad. Nosotros llegamos en coche desde Pinell de Brai hasta Horta de Sant Joan por la T-333. Si dejamos la entrada del pueblo a mano derecha (ref. La Farinera) y seguimos un poco más por la carretera, enseguida veremos el desvío a la izquierda que marca Els Ports. Entraréis en una pista asfaltada que os llevará al interior del parque entre plantaciones de olivos. Un poco más adelante, a mano izquierda veréis una zona de picnic, con un precioso mirador hacia las Roques de Benet, todo un emblema de la zona. 

PN dels Ports desde el mirador














Al poco, la carretera empieza a descender y dejaréis los olivos para entrar en el bosque. No tiene pérdida, al final llegaréis a una zona de aparcamiento señalizado desde donde empieza la excursión. O donde acaba, ya que la caminata no es una ruta circular, sino de ida y vuelta. Hay otro punto de acceso, también con zona de aparcamiento, que es donde se deja el coche si se viene desde Aragón. Resumiendo, la excursión va de un parking al otro, siguiendo el curso del río. Pasamos entre las Molas de piedra, paraíso de los escaladores, vimos cabras dando saltos imposibles y algún buitre. Y es una pena que fuera pleno invierno, porque el río hace pequeñas piscinas que invitan al baño. De hecho en verano es zona de chapuzones. La excursión no dura más de una hora, a paso muy relajado.

Ruta dels Estrets

Les Moles

Si hacemos zoom...
Camí dels Estrets

Finalizado el paseo, nos vamos a comer y dar una vuelta por Horta de Sant Joan. Es el típico pueblo que ha crecido en las faldas de una colina, con las calles serpenteando hacia arriba hasta finalizar en la plaza de la Iglesia de Sant Joan. La plaza es porticada y las calles de alrededor forman el núcleo antiguo medieval. Lo recorrimos en solitario, al ser mediodía y festivo no había demasiado movimiento. 

Casco antiguo de Horta de St Joan

Casco antiguo de Horta de St. Joan

Comimos en la Plaça Catalunya, en la zona nueva a los pies del casco antiguo. Hay varios bares y restaurantes con terraza, muy apetecibles cuando hace buen tiempo. Tuvimos suerte y encontramos una mesa para 3 en el Grau, uno de esos locales de toda la vida, con comida casera y gente jugando a cartas. Muy recomendable.

Escapada a la Ribera d'Ebre

La Ribera d'Ebre es una de las comarcas contiguas a la Terra Alta. Aquí habíamos puesto el punto de mira en dos zonas, el Castillo de Miravet y el pueblo de Tivissa.

Desde Pinell de Brai hay un cuarto de hora aproximadamente hasta el pueblo de Miravet. Cruzamos el núcleo urbano en dirección al castillo y subimos la colina.Tras unas cuantas curvas, dejamos el coche en el parquing habilitado al pie de la muralla. Pagamos la entrada religiosamente y vamos para adentro. Si no recuerdo mal, son 2.50€ por cabeza (también hay opción a visita guiada, un pelín más cara). El castillo es de origen árabe y pasó posteriormente a ser fortaleza militar templaria. Se pueden visitar varias estancias, así como el patio de armas y la muralla, pero lo mejor sin duda alguna es subir a las torres y observar el valle del Ebro. El panorama es alucinante. En este momento entiendes porque los musulmanes establecieron aquí su  castillo y los templarios su fortaleza, ya que el dominio sobre el valle es indiscutible.


El Valle del Ebro 

Vista desde el Castillo de Miravet

L'Església Vella de Miravet y el Ebro

Casco antiguo de Miravet

Una vez abandonado el castillo es muy recomendable descender la colina hacia el casco antiguo de Miravet, llamado el Cap de la Vila, para recorrer sus callejuelas colgadas sobre el río. Es un pueblo con mucho encanto. Otro punto de interés a mencionar, aunque nosotros no llegamos hasta aquí, es el Pas de Barca. Es una zona de cruce del Ebro, que une Miravet con la carretera comarcal. Tiene la peculiaridad de ser el último paso que queda, donde se puede cruzar el río sólo gracias a la fuerza del agua. Se hace mediante dos embarcaciones unidas, els llaguts, que soportan un peso de varias toneladas. 

Desde aquí nos vamos hacia Tivissa, otra pequeña villa medieval de la zona. En realidad esta vez no nos mueve el afán de conocer más sitios, sino que nos hemos enterado de que esta tarde inauguran el mercadillo de Navidad y allá que vamos. La meteorología nos juega una mala pasada y al frío y la humedad, se les une una niebla que se intensifica por momentos.

Volvemos a encontrarnos con un pequeño pueblo de origen medieval en lo alto de una colina. Dejamos el coche estacionado en la parte baja y subimos por la Pujada de l'Empedrat hacia el núcleo antiguo. Aunque una de las zonas más reconocidas es el balcón que se encuentra en la Plaça de la Baranova, ni siquiera nos acercamos, ya que iba a ser imposible ver nada. Así que entramos al recinto fortificado atravesando uno de los últimos vestigios de la muralla, por el Portal d'Avall. Una vez dentro, las calles se vuelven estrechas y serpenteantes. El pueblo estaba especialmente bonito, engalanado con las luces de navidad y con tenderetes y gente por todas partes.

Tivissa

La verdad es que nos gustan estas escapadas a zonas poco masificadas y no pervertidas aún, donde puedes convivir con la gente del lugar y ver otras formas de vida. Ya estamos planeando la siguiente.


RELATO DE VIAJE AL SUR DE TARRAGONA, por Miriam

martes, 27 de diciembre de 2016

NAVIDAD EN ZURICH - Noviembre de 2016

Tenía ganas de conocer alguno de los famosos mercados de Navidad europeos pero nunca había podido organizar una escapada durante estas fechas. Este año casualmente dimos con unos vuelos en oferta y los aprovechamos para sacarme esta espinita. Seguramente los mercadillos de Zúrich no sean los más afamados pero sólo teníamos un fin de semana disponible y Zúrich es un destino “logísticamente” fácil. El vuelo es corto, la ciudad no es muy grande y nuestro objetivo es sencillo: algo así como pasear por el centro histórico, ver los mercadillos y degustar la gastronomía local. En este relato de viaje a Zúrich os explico nuestras andanzas por la ciudad Suiza durante el primer fin de semana de Adviento. Tuvimos suerte con el clima, no llovió apenas y la temperatura mínima no bajó de los 5ºC, cosas del cambio climático.


Volamos con Swiss el viernes por la mañana y en menos  de dos horas hicimos el trayecto Barcelona-Zúrich. Swiss Air nos pareció genial. Salió puntual, nos dieron desayuno a bordo (ya no estamos acostumbrados a estas cosas) y a mí pequeñaja le regalaron un avión de peluche que le encantó.

Una vez aterrizamos, nos desplazamos a la ciudad en tren ya que nuestro apartamento, el Inside Five, está a 15 minutos andando de la estación central, Zúrich Hauptbahnhof. El Zúrich Airport cuenta con su propia estación desde donde los trenes salen a reducidos intervalos hacia el centro. La verdad es que nos hicimos un poco de lío para encontrar el andén y tren correctos, ya que en ese momento los paneles informativos no funcionaban, pero salimos airosos. La duración del trayecto hasta el centro de Zúrich es de unos 10 minutos. Los billetes están disponibles en los mostradores y en las máquinas autoventa. El precio del billete individual es de 6 € para adultos (sólo ida) y de 3 € para niños menores de 6 años.


El apartamento lo reservamos en Booking, como hacemos normalmente. Está en una zona sencilla y tranquila, con bastantes locales y supermercados alrededor. Nos sorprendió la gran cantidad de familias hindúes que había en el barrio. Estos apartamentos dan la opción de alojar a los niños gratis si no necesitan cama extra. Como nosotros somos muy de compartir cama, escogimos esta opción y nos quedamos con un estudio para dos personas, aunque nos alojamos tres. No nos salió caro (para ser Suiza). Tiene servicio de limpieza diario. Concluyendo, si tuvieramos que volver repetiríamos alojamiento.

No podíamos acceder al apartamento hasta primera hora de la tarde pero nos permitieron dejar las mochilas allí. Las horas muertas del mediodía las aprovechamos para ir a comer en la cercana Limmanplatz. Localizamos un restaurante-cafetería, el Caffeteria am Limmatplatz, donde hacían menú de mediodía (sopa del día + plato de pasta). Allí expresamos nuestro primer  ¡Ualá, qué caro es esto! Dos menús y un café, nos salieron por 55€. Así que el resto de comidas las hicimos en casa o en McDonald’s varios. De vuelta al apartamento hicimos la compra en un Coop, la cadena de supermercados que vimos con más frecuencia y por lo menos nos aseguramos los desayunos y las cenas en casa.

Después de comer y descansar algo (y teniendo en cuenta que anochece a las 16:30) decidimos que la tarde del viernes la dedicaríamos a visitar el Christkindlimarkt. Este mercado está ubicado en el vestíbulo de la estación de tren principal, es decir, bajo techo, lo cual se agradece. Que sea interior no quiere decir que sea pequeño, tiene alrededor de 150 stands, cada uno más decorado que el anterior, donde se vende de todo. Está abierto durante el período de Adviento, que abarca los cuatro domingos anteriores al día de Navidad, así que nosotros lo visitamos recién inaugurado y a tope de gente. Lo más famoso de este mercado es el árbol de navidad central, completamente decorado con cristales de Swarovski que se iluminan y van cambiando de color.

Christkindlimarkt

La verdad es que tanta multitud nos agobió un poco, así que aunque había oscurecido y chispeaba, nos fuimos a pasear por los alrededores. De la estación central sale la calle comercial de Zúrich por excelencia,  Bahnhofstrasse, una de las más caras y exclusivas del mundo. Tiene una zona peatonal  pero en gran parte se circula en coche (nos cansamos de ver coches de alta gama), siendo también  un importante nudo de tranvías. En época navideña está absolutamente iluminada por miles de bombillas blancas, rojas y azules, popularmente llamadas Lucys. Sólo por ver los inaccesibles escaparates y sus decoraciones ya vale la pena el paseo. 

Bahnhofstrasse

La verdad es que no llegamos a caminar demasiado, ya que habiéndonos alejado sólo un par de calles de la estación, empezamos a escuchar villancicos. Sin darnos cuenta nos plantamos en otro de los mercadillos navideños de la ciudad, el Christmas Market de Werdmühleplatz. Éste es mucho más pequeño y tiene una única pero conocidísima atracción: el Singing Christmas Tree, un escenario escalonado que imita un árbol de navidad, donde se sitúan los niños de diferentes coros de la ciudad para cantar villancicos. Durante el mes de adviento, actúan todas las tardes a diferentes horas. Estuvimos escuchándolos un ratito, pero nos tuvimos que mover porque nos empezó a entrar un pelín de frío allí quietos. Los stands que hay en este mercado no son tiendas, sino puestos de comida y bebida. Allí degustamos nuestro primer Glühwein, el vino caliente especiado, tan típico del centro de europa y que nos gusta tanto. El vaso de vino salía por unos 5-6 €.
Singing Christmas Tree
Chrismas Market Werdmühleplatz

De allí fuimos volviendo tranquilamente para casa, entrando antes en una tienda de juguetes enorme y decorada a más no poder, que estaba en plena avenida y donde la peque se lo pasó pipa, achuchando todos y cada uno de los peluches que había. Está claro que la diversión está en cualquier parte.

Día 2 - Nuestra ruta por Zurich


El sábado nos levantamos y desayunamos tranquilamente (hace ya mucho tiempo que practicamos el slow-tourism) y hacia las 10 de la mañana volvimos a hacer el camino hacia la Zurich HB, que siempre fue el punto de partida de nuestros paseos. La ruta que seguimos fue algo similar a la siguiente: 


Este recorrido nos ocupó sólo la mañana. Zúrich es una ciudad pequeña y el centro se ve rápido. Evidentemente la visita se alarga si a uno le interesa  entrar a iglesias, museos o realizar alguna actividad (esto en invierno, claro, en verano me imagino una ciudad más viva). En nuestro caso paseamos, hicimos fotos y disfrutamos de ambiente de la calle. A mediodía volvimos hacia nuestro barrio, comimos allí y descansamos. Por la tarde, realizamos una ruta parecida pero en sentido inverso.

Desde la estación de tren cruzamos el río Limmat, en dirección a la estación inferior del Polybahn o Plaza Central. El Polybahn es un funicular con más de un siglo de antigüedad, todo un símbolo de la ciudad. Salva los 450 metros de altura que hay "entre el río y la montaña". La estación superior se encuentra en la zona universitaria, en concreto en la terraza de la Escuela Politécnica (ETH). Nosotros subimos andando, ya que nos pareció excesivo pagar 3€ por persona, por 2 minutos de subida. Desde la mencionada terraza se obtiene una de las mejores vistas de Zúrich.

Funicular subiendo hacia la Universidad

Vistas de Zúrich desde la ETH

Zúrich

Tras tomar unas cuantas fotos, fuimos zigzagueando colina abajo hasta llegar a una avenida, Mühlegasse, que seguimos intuitivamente. Hicimos bien, ya que esta calle es perpendicular a Niederdorfstrasse, que puede considerarse la vía principal del casco histórico de Zúrich. Va en paralelo al río Limmat, desde la estación inferior del Polybahn hasta la Grossmünster, y a cualquier hora es un hervidero de gente ya que está llena de tiendas, bares y restaurantes. Nosostros hicimos una primera parada de avituallamiento (café+donut) y una vez recuperados de la subidita a la universidad, seguimos el paseo por la zona medieval. Sin perder de vista la calle Niederdorf, subíamos y bajábamos por las callejuelas adyacentes, según veíamos alguna plaza, escaparate o lo que fuera que nos llamase la atención. Es especialmente agradable la Hirschenplatz, donde se monta el mercadillo navideño más antiguo de la ciudad (volvimos por la tarde a visitarlo), pero cualquier rincón tiene encanto en estas fechas.

Niederdorfstrasse

Spiegelgasse

Lucys
Poco a poco llegamos a la parte trasera de una de las iglesias principales de Zúrich, la Grossmünster. Su imagen es bastante conocida, gracias a los dos campanarios gemelos de su fachada principal, a los pies del Limmat. El edificio actual es románico con pinceladas góticas y fue construido entre los siglos XII y XIII sobre un templo anterior.

Grossmünster desde el río

Llegados a este punto abandonamos la ciudad vieja cruzando el río por el Münsterbrücke, el puente que une la Grossmünster con la Fraumünster, la otra imágen icónica de Zúrich. La iglesia actual, con su conocidísima torre puntiaguda verde, está construida sobre una antigua abadía para mujeres, de ahí su nombre. En el interior, su punto fuerte son las vidrieras, unas de Chagall, las otras de Giacometti. Nosotros no pudimos verlas, ya que la iglesia no está abierta siempre (consultar horarios) y la encontramos cerrada, of course.

Fraumünster y Peterskirche

Fraumünster desde Münsterhof

Ya con la intención de ir volviendo al apartamento, nos adentramos en la zona occidental de la ciudad, en dirección a calle Bahnhof. Esta vez la recorrimos prácticamente entera y pudimos constatar la exclusividad de las tiendas, edificios y restaurantes (y chocolaterías) que se acumulan allí.

La tarde la dedicamos otra vez a callejear, pasar frío y calentarnos con el vino especiado. Nos permitimos el capricho de hacer algunas compritas en los puestos navideños y probar una raclette, que nos gustó un montón. Y así acabamos nuestro fin de semana prenavideño, ya que el domingo deshicimos lo andado para volver a nuestra ciudad. Una pequeña cata de Suiza, que nos invita a volver en otra ocasión a conocer más y mejor este país.



RELATO DE VIAJE A ZURICH, por Miriam.